Luis: Sé que lo mío no deja de ser un ejercicio poético, en el sentido etimológico del término, es decir, creativo. Lo cual despertará las sospechas de los burócratas de la cultura y de los ya establecidos. La geografía simbólica que describo es imposible de ver sin un poco de imaginación, introspección y espíritu poético tan alejados de los valores sanchopancistas actuales. Sé que muchos pensarán que las correspondencias que establezco no tienen ningún fundamento científico, las tildarán, sin más comprobación, de “mágicas”, dándole a este término un sentido peyorativo, pero cualquiera que esté familiarizado con el pensamiento antiguo sabe que, precisamente, esa era su manera de ver el mundo, no hacían diferencia entre poesía y ciencia.

X1: De acuerdo poesía y ciencia no están tan alejadas sobre todo en el sentido que apuntas. La creatividad son decisivas en ambas, pero sus métodos son distintos.

X2: Sí, pero la ciencia no es lo mismo que los científicos. Mirad lo que dice Feyerabend, el epistemólogo y filósofo de la ciencia, en Diálogo sobre el método: “siempre he sospechado que la ciencia es un mito más, que no tiene ventajas intrínsecas, que tiene, eso sí, aspectos positivos, pero que presenta también bastantes inconvenientes, lo mismo que las ideologías alternativas tienen sus pros y sus contras. Los éxitos de la ciencia, que nadie pretende negar, nos parecen impresionantes sólo porque se nos ha condicionado para que los consideremos importantes, porque nunca se los ha comparado con los éxitos obtenidos gracias a otros puntos de vista y porque los fracasos de la ciencia rara vez llegan a los oídos del gran público”.

http://es.wikipedia.org/wiki/Paul_Feyerabend

Luis: Yo creo que no se trata tanto de ensalzar un método negando el otro, sino de integrarlos, tomando de cada uno lo que nos resulte útil.

X2: Aparte de que no todo lo que puede hacerse debe hacerse como pretende la comunidad científica.

Luis: Alfonso Álvarez Villar en un libro clarificador sobre el tema, Psicología de los pueblos primitivos, lo expresa de esta manera: “La mentalidad primitiva es, en efecto, una mentalidad que aún no ha experimentado ese trance de ‘ruptura del cordón umbilical’ que Jaspers denominó Zerrisenheit. En cambio, el hombre civilizado sería un ente humano desgajado del gran bloque granítico de la Naturaleza.” No trato de ensalzar a una para denigra a otro sino para comprenderlos en la unidad que integra a ambos: la mente humana no tiene porqué renunciar a sus conquistas científicas de los últimos siglos sino a aquellas que contradicen su indisoluble relación con el medio… La salvación de Gaia está en juego y no pretendo sino hacerme (que nos hagamos) uno con Ella a través de aquella cosmovisión primigenia, en la cual no se había producido todavía la escisión entre mundo y hombre, y este aún no se había convertido en un implacable depredador de la naturaleza.

X1: No sé… no sé, si eso ayudará mucho. ¿Tú crees que hay mucha gente verdaderamente interesada en salvar a Gaia?

Luis: No, no, no se trata de salvar a Gaia sino de dejarnos salvar por ella.

X1: Ni siquiera la mayoría de los ecologistas estarían dispuestos a eso.

Luis: Pero sí los pueblos indígenas. Sigue este enlace, que me envió el otro día un amigo, y verás a qué me refiero.
http://silyoga.bahiadesign.com/?p=283

X1: ¿Pero en qué mundo vives, amigo? ¿A quién le interesa hoy poner en duda los valores implícitos que nos convierten en depredadores de la Naturaleza si tememos que eso signifique renunciar a nuestra miserable cuota de bienestar, etcétera?

Luis: Evidentemente implica una renuncia, pero no hasta el punto de hacernos volver a las cavernas. No estoy hablando de volver a vivir como ellos sino de aprender a pensar como ellos. Hablo de renunciar sólo a la cosmovisión (hecha de valores/pensamientos, etc.) que perjudica a Gaia y, por tanto, a nosotros mismos.

X2: Y su acción correspondiente.

Luis: Sí. De todas maneras, tengo claro que Gaia no se dejará controlar por el ser humano, no se dejará curar por nosotros que somos la causa de su enfermedad. El camino es el inverso: dejar de intervenir y dejarnos curar por Ella. Es en esta línea que cobra sentido el aproximarnos a la manera de ver y sentir el mundo de las culturas antiguas y tradicionales, aún no escindidas de su medio ambiente.

X1: Y cuál sería, según tú la manera de acercarse a estas culturas.

Luis: Una, a través del contacto directo con los pueblos indígenas y tradicionales actuales, aprendiendo de ellos, pues son aún naturaleza no escindida de la naturaleza, lo que nos colocaría en su contexto ideológico, en su manera de ver el mundo y, otra, a través de la interpretación de los objetos arqueológicos.

X1: Sí, pero esta última no deja de ser una interpretación.

Luis: Es por ello necesario que interioricemos la manera de ver el mundo de los pueblos no escindidos. No de manera objetiva, sino subjetiva, es decir, haciendo nuestras sus cosmovisiones. De esta manera nos acercaremos a la manera de pensar de los pueblos prehistóricos occidentales, nuestros orígenes. Ahora bien, tenemos que tener en cuenta que no se trata del mismo pensamiento. Por ello es preciso que nos pongamos en su lugar, lo que denomino arqueopsicología.Pongámonos en su lugar: lo que rige la vida diurna es el sol y la vida nocturna la luna, planetas y estrellas. Sus cambios, sus movimientos, a lo largo del horizonte (ortos y ocasos), nos sirven para orientarnos tanto en el tiempo como en el espacio y marcan el territorio. Sus movimientos en el horizonte a lo largo del año nos sitúan en el tiempo y en el espacio.Estos movimientos regirán por tanto la subsistencia, la relación de unos con otros y la relación con el medio natural, ligadas como digo al territorio (el espacio) y su relación con el tiempo (movimiento de los astros en el horizonte).

Este enfoque nos puede ayudar en la interpretación de la pintura esquemática, cuyo inicio se produce según los especialistas en el Calcolítico, es decir, en la época del primer metal, cuando el ser humano empieza a controlar y transformar los procesos naturales, pero aún no se ha escindido de ellos.

En la pintura esquemática los especialistas ven normalmente objetos, conceptos e ideas, pero desligadas del territorio. Probablemente las pinturas esquemáticas representan la cosmovisión de sus ejecutantes, sin embargo, su cosmovisión no puede sino estar ligada al territorio en que viven.

Así podemos ver en las figuras bitriangulares, los dos ejes de los solsticios; en las antropomorfas, el árbol cósmico, por analogía entre el territorio y la figura del ser humano: cuerpo y brazos pueden ser el río principal que cruza el territorio y sus afluentes.

Hay también, soles y círculos concéntricos, que pueden ser ciudades amuralladas, como Marroquíes Bajos.

En general, puede considerarse que son una representación del territorio por medio de signos que acabaron convirtiéndose en símbolos, pictogramas que originarían el alfabeto y así habría que estudiarlas. Son una representación del pensamiento arcaico, de sus ideas-símbolos primordiales. Y estos parecen estar ligados a una representación esquemática del territorio en relación al movimiento aparente de los astros en el horizonte. Son mapas en donde situar por medio de signos la posición de rebaños de animales, poblaciones, etc.

X1: Interesante hipótesis la tuya, pero sólo una hipótesis…

X2: Sigo sin ver qué tiene que ver todo eso que dices con nosotros.

Luis: Los símbolos más simples son los originarios y estos siguen estando en nosotros de manera inconsciente. Nuestra relación con el mundo ha cambiado al considerarnos separados de los procesos naturales, cuando en realidad somos esos mismos procesos. La cosmovisión de los pueblos antiguos, indígenas y tradicionales nos reconcilia con la naturaleza. Los signos grabados en piedras en la edad del Calcolítico, cuando los seres humanos empezamos a controlar esos procesos, nos remiten a una manera del ver el mundo holística, ecológica, no escindida. Son representaciones globales del mundo en las que de manera primaria comienza a discriminarse entre abajo y arriba, derecha e izquierda, delante y detrás, dentro y fuera, las direcciones básicas que sirven para orientarnos y construir una imagen objetiva del mundo y de nosotros mismos… pero todavía, y esto es lo que importa, la visión es completa, engloba todos los elementos, no está fragmentada como en la actualidad está nuestro pensamiento.

Y esta fragmentación es la que ocasiona los conflictos, los problemas, las guerras, el sufrimiento en el mundo… ¿Ves la relación ahora?

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-Hablemos de esa investigación que dice empezó hace veinte años.

-Todo empezó con la lectura de El enigma de la Mesa de Salomón de Juan Eslava Galán, si bien, llevaba ya algunos años interesándome por la Artes y Ciencias Antiguas, sobre todo por la Alquimia, la Cábala y el Tarot, no tanto por la Astrología. Me interesaban en la medida en que comprobaba que sus contenidos y métodos tienen en cuenta al ser humano y al cosmos como un todo único y que, aunque hoy día pensemos que son producto de la ignorancia y de la superstición (ya sabe, la arrogancia de los ilustrados), eran artes y ciencias holísticas que iluminaron la mente de sus cultivadores durante milenios. Lo que hoy consideramos ciencia tiene apenas unos siglos de existencia. Es muy tonto pensar que anteriormente los hombres eran sólo unos idiotas dominados por supercherías. Y sin embargo eso es lo que piensan los positivistas. ¡Qué cosa más falta de sentido lógico, qué cosa más absurda! No sé si se dan cuenta de la estupidez que implica una creencia semejante.

-Pero, ¿por qué las llama ciencias? No son ciencias en realidad.

-No lo son en el sentido que nosotros damos hoy a la palabra “ciencia”, por eso añado lo de “antiguas”. De todas las acepciones que el Diccionario de la Real Academia da para la palabra “ciencia” ninguna tiene el sentido excluyente que le dan hoy los cientifistas. Ciencia significa conocimiento y su significado engloba al de la ciencia positivista. El diccionario dice que la ciencia es un “conocimiento ordenado y, generalmente experimentado, de las cosas” o un “conjunto de conocimientos y doctrinas metódicamente ordenado”, pero en ningún caso dice, porque sería una barbaridad, que ciencia es sólo la ciencia occidental de los últimos dos o tres siglos.

-Porque, además, usted viene de la tradición positivista.

-Y sigo en ella, no creo que haya contradicción entre ambos niveles de conocimiento. Lo malo está cuando se mezclan, es decir, cuando lo que pertenece al ámbito de las ciencias antiguas se pretende investigar con métodos de las ciencias positivistas, y digo positivistas no empiristas porque la ciencia antigua es también empírica.

-Bien, supongo que eso necesitaría explicarse un poco más, no obstante, vayamos a su investigación…

-No, no espere, se lo aclaro en un momento. Positivista es el sistema filosófico formulado por Augusto Comte que considera que el conocimiento humano solo puede basarse en los sentidos y el empirismo toma la experiencia como única base de los conocimientos humanos. Digo que la ciencia antigua es empírica, no empirista, en el sentido de que toma la experiencia como base de sus conocimientos, aunque no como única base, es decir, que además de fundamentarse en la experiencia considera que hay otros métodos para el conocimiento humano. No es exclusivista. Además, su tecnología estaba más desarrollada de lo que habitualmente creemos. Observatorios astronómicos tan exactos como Stonehenge, construcciones tan perfectas como las pirámides de Egipto o máquinas como la de Antiquitera, por poner sólo unos ejemplos que abarcan aproximandamente desde III milenio al siglo II a. C., deberían hacernos pensar que hemos minusvalorado sus conocimientos. Su enfoque, su método, que concibe al hombre no separado de su entorno y se propone relacionar las distintas dimensiones de la realidad y no sólo la física, es lo que deberíamos recuperar de ella.

-Ya. En fin, volvamos a su investigación. Usted afirma que existió un Modelo Originario que puede considerarse origen de todos los demás y que este es la base de todo conocimiento, incluso del científico, tal y como se entiende hoy este término.

-Sí, más o menos, habría que matizar eso un poco.

-Y que ese Modelo Originario se creó en cierto momento de la historia humana por una civilización concreta y determinada dando lugar, luego, a las distintas culturas históricas, religiones y civilizaciones con sus cosmologías, sistemas míticos, simbólicos, ritualistas, etc… Bien, ¿cuál fue esa cultura primigenia?

-Reconozco que no cuento con demostraciones definitivas, sólo indicios. Indicios, no obstante bastante claros y concretos. Indicios que se aproximan mucho a auténticas evidencias.

-Como por ejemplo…

-Es difícil resumir en una entrevista como esta todos los datos recogidos durante veinte años de investigación… Resumiendo mucho: según los arqueólogos, en el sureste español, lo que hoy llamamos Andalucía Oriental, existió en el Calcolítico o Edad del Cobre una civilización a la que se da el nombre de uno de sus más importante yacimientos. Se trata de la Cultura de los Millares. Bien, es posible que a esta cultura se refiriera Platón en el mito de la Atlántida. Ya sé que aquí nos introducimos en un tema demasiado controvertido, pero a mí no me interesa tanto hacer rotundas afirmaciones como señalar indicios. El caso es que uno de los yacimientos de esa cultura se encontró hace unos años cerca de la ciudad de Jaén. Se trata de Marroquíes Bajos, un poblado del Calcolítico construido según el esquema arquitectónico que Platón describe para la Atlántida. Luego tenemos la persistente tradición que señalan a Jaén y Granada como referentes de unas serie de leyendas sobre el jardín originario (El jardín de las Hespérides, Iram de las columnas, el reino de Agarta, la Mesa de Salomón…) y otras tantas leyendas que señalan a Andalucía como origen del alfabeto (el bosque de columnas alfabéticas de la Tartéside, etc.) Y por fin, la identificación realizada por mí de los signos del zodiaco en el paisaje de Jaén relacionados con las letras del alfabeto griego y los arcanos del Tarot…

-Está usted sugiriendo que esa cultura inventó el alfabeto…

-Hay muchos indicios de eso… Lo cuento en Los cuadernos de Jana:

según Estrabón, los turdetanos, sucesores de los tartessios poseían una gramática, poemas y leyes en verso de hacía 6.000 años… Robert Graves en La Diosa Blanca dice que el alfabeto Ogham “usado en Britania e Irlanda unos siglos antes del ABC latino” proviene de España. El invento de este alfabeto se atribuye a “Ogma-cara-de-Sol hijo de Breas”, al que se representa como a un “Hércules veterano, con la clava y la piel de león”. Perseo/Mercurio, al vencer a la Gorgona Medusa lleva, “en vuelo poético”, el alfabeto en un saco a la Tartéside. Graves relaciona, como muchos otros autores, este país (Tartessos) con Cádiz, como otros lo sitúan entre Huelva y Cádiz (Schulten) o en los alrededores de la desembocadura del Guadalquivir, en la Baja Andalucía. No tienen en cuenta que todo final tiene su principio, es decir, que el río sagrado tenía un nacimiento de “raíces argénteas” donde estaba situado el santuario de la Diosa Madre, que según una visión primaria se identificaría con “el origen”. De donde quizá provenga el nombre antiguo de Jaén (Auringe). Lo cierto es que en la Tartéside había un santuario a Hércules. Robert Graves dice: “es probable que el Hércules prefenicio de la Tartéside fuese Palamedes (héroe griego relacionado con la invención del alfabeto), o con el dios Ogmios con piel de león, al que los irlandeses atribuían la invención del alfabeto que habían ‘recibido de España’ y al que Gwion, en su elegía sobre ‘Ercwlf’, celebra como un plantador de columnas alfabéticas. Los habitantes de la Tartéside eran famosos en la época clásica por el respeto que mostraban a los ancianos, y Ogmios, según Luciano, era representado como un Hércules anciano. Que las Gorgonas vivían en un soto en la Tartéside sólo puede significar que tenían que guardar un secreto alfabético.”

No resulta difícil relacionar al “plantador de columnas alfabéticas” como un constructor de monumentos megalíticos, que tendrían un significado simbólico en relación con acontecimientos de tipo astronómico. En Jaén pudo haber un observatorio de este tipo (como sugieren una gran cantidad de indicos); además, guardado por un lagarto o dragón, según la popular leyenda de la ciudad del Lagarto de la Malena. Las Gorgonas eran monstruos griegos que Hesíodo representa como tres hermanas. La relación entre el tres y la Diosa Madre está suficientemente documentada por los especialistas. Según cuenta Hesíodo una de las hermanas, Medusa, fue muerta por Perseo y de su cuerpo mutilado (le cortó la cabeza) surgió el monstruo Geriones, gigante que vivía en la isla de Eritheia y que poseía tres cabezas y tres cuerpos hasta la cintura y que fue muerto por Heracles, robándole sus rebaños de bueyes. Geriones nos remite a Gerión el primero de los reyes legendarios de Tartessos. Y aunque Eritheia es Cádiz, Hesíodo puede referirse con el nombre de una parte del reino a todo el reino de Tartessos. El que las Gorgonas “guardaran un secreto alfabético” en un soto de la Tartéside nos evoca de nuevo la leyenda del lagarto de la Malena, en la que un monstruo defiende, atacando al que se acerca a su guarida, algún secreto escondido. El que la sangre de la Medusa, recogida por Atenea y entregada al dios médico Asclepio, tuviera el poder de resucitar a los muertos, nos remite a lo dicho anteriormente sobre el venero de la Magdalena situado en las raíces del Árbol de la Inmortalidad y a la resurrección del sol en el solsticio de verano.

Por otro lado, existen en Jaén dos leyendas populares que reflejan el mencionado respeto de los andaluces a los ancianos, residuo de un antiguo culto a los antepasados. Una, además, que escuché en mi infancia, hace referencia a un tal Peñón de Uribe, que bien pudo ser, como señala Eslava Galán, un menhir del antiguo santuario observatorio astronómico…

Pero, bueno, estos no son sino algunos de los indicios recogidos… lo más importante es la constatación sobre el terreno de esas persistentes tradiciones que señalan a Jaén como poseedor de un secreto y la existencia de un grupo de personas que, a través de los siglos, se dedicaron a transmitirlo o, mejor dicho, a custodiarlo. Se trata de los que buscaron la Cava, nombre que aparecía en una lista que Eslava Galán encontró en los Archivos Diocesanos de la Catedral de Jaén. Es decir, que todas las civilizaciones que se asentaron en su territorio tuvieron noción del significado de ese espacio geográfico y de esa ciudad.

-Pero, entonces ¿por qué no se ha sabido nada de esto hasta ahora?

-Pues, porque, como le he dicho, ese grupo de personas al que se refiere Eslava Galán tenían la misión de proteger este secreto, ya que se consideraba que daba poder al que lo poseía. De hecho, en el secreto estuvieron las Casas Reales de Aragón y Castilla…

-Entonces, el santuario antiguo ¿es algo así como un modelo del mundo que refleja la cosmovisión antigua en la disposición misma de sus accidentes geográficos?

-Sí, pero de nada sirve saber eso si no identificamos con precisión, correctamente, lo que significa cada uno de sus elementos en el todo y las relaciones que existen entre ellos.

-Y eso es lo que usted hace en el Arkegrama. ¿Qué es entonces el Arkegrama?

-Un modelo descrito como un diagrama o mandala que da cuenta de cada uno de esos elementos y los relaciona con las letras del alfabeto sagrado, los sonidos articulados o fonemas, las notas musicales, los colores, los símbolos, los mitos antiguos, los arquetipos primordiales…

-Pero ¿no habrá un grado de arbitrariedad en todo ello, es decir, una asignación puramente… cómo decirlo…?

-¿Imaginaria? No, mire, hay demasiadas cosas que coinciden. Llegado a este punto a mí me resulta un tanto embarazoso hablar del asunto. No me gustaría que pensaran que soy un alucinado. Soy perfectamente consciente de la trascendencia del descubrimiento. Sé que es la clave que han andado buscando alquimistas, ocultistas, hermetistas… durante milenios, el enigma de la Mesa de Salomón resuelto y eso me hace sentir una enorme responsabilidad, porque puedo dar pruebas que lo avalan. Pero a mí lo que más me interesa es de qué manera eso puede servir a los hombres de nuestra época, porque ese modelo está en la base de lo que Jung llamó el inconsciente colectivo y de nuestro pensamiento analógico, simbólico, arquetípico… por lo que puede usarse como tabla de correspondencias que clarifique… no sé si me explico… el caso es que cuando comencé a comprobar la existencia de correspondencias precisas entre los accidentes geográficos del paisaje de Jaén-Granada y los arcanos del Tarot, las formas de las letras griegas, etc. comencé como es lógico a hacerme preguntas. Las respuestas a esas preguntas son el contenido de mis investigaciones de estos años.

-Pero, usted afirma mucho más y es su relación con los nuevos paradigmas.

-Claro, porque es una descripción de la estructura y dinámica básicas de la energía, porque la cosmovisión antigua era ecológica, sistémica, holística…

-¿Y en cuanto a sus aplicaciones?

-Teniendo el cuadro de correspondencias perfectamente claro, tras una demostración minuciosa y razonada, podemos establecer un mapa de la conciencia basado en el proceso energético observado, el lugar y función de los arquetipos, el significado de símbolos y mitos, el sentido último de los sueños, eso nos permitiría establecer correspondencias precisas y exactas en técnicas y terapias energéticas como el Tai-Ching, el Chi-Kung, la bioenergética, etc. y quizá nos sirviera de ayuda en el estudio de la estructura profunda de la materia.

-¿No cree que lleva su descubrimiento demasiado lejos, que deduce implicaciones y propone aplicaciones demasiado alejadas de su objeto de estudio?

-No, no lo creo. Lo que ocurre es que no soy un historiador, ni un antropólogo, ni un científico profesional, sólo un artista, un músico, quizá un creador, un poeta, que como Robert Graves dice en su libro La Diosa Blanca, “no pertenezco a ningún culto religioso, a ninguna sociedad secreta, a ninguna secta filosófica”, y que si me vi impulsado a estudiar estas especialidades fue motivado por aquella intuición poética primera (unos sonidos que remitían a otros sonidos formando una red de significaciones que parecían tener que ver con la vida de la humanidad y con mi vida). Cuando hice el primer descubrimiento, en el cual ya se hallaban en germen las conclusiones que ahora ofrezco, me encontraba como el niño al que han regalado un sofisticado juguete y no sabe cómo usarlo, ni para qué sirve. Los libros necesarios llegaron a mí, como cuenta Graves que a él llegaron, de manera imprevisible: me topaba con ellos, sin buscarlos. Literalmente: entraba a una librería y, como en trance, algo me llevaba directamente a ellos. La mayoría de las veces ni los leía, pero en todo momento sabía donde encontrarlos cuando los necesitaba. Como dice Graves: “esto presuponía que existía y era accesible el conocimiento libresco necesario y, en consecuencia, los libros coincidieron luego con mis necesidades” y así “yo podía ataviar en forma razonable una ordenación de las ideas a que había llegado de una manera irrazonable.” No obstante, después probaba todas las combinaciones posibles, de manera que la intuición primera pasara todas las pruebas de la duda metódica.

El caso es que, según avanzaba en mis investigaciones, vi que aquello podía tener cierta trascendencia, ya que, sorprendentemente los descubrimientos indicaban cierta clase de relación entre los accidentes geográficos del entorno de Jaén y el modelo contenido en el Tarot, los símbolos utilizados en la Alquimia, los signos del zodiaco, las letras del alfabeto sagrado griego… y luego, las notas musicales, los colores, los mitos antiguos, etc. El simbolismo impreso en el paisaje y en la disposición de la ciudad, herencia del santuario antiguo, acabaron estando tan claros que cualquier duda me pareció superflua, pues según se iban sumando los datos estos no lograban sino reforzar aquel hallazgo primero. Descubrí, después, que los mitos y los símbolos antiguos vivían en mí, que eran la materia de mis sueños, pero, además, que podían transmitir hechos que ocurrieron antes de la Historia. Hechos que por no ser históricos no eran menos reales: lances de amor entre ríos, montañas y ciudades, pueblos nombrados como su héroe nacional, su rey o la capital de su reino… confusión en los nombres, nunca en los conceptos, ni un error en las genealogías. Era, pues, obligación seguirlas hasta el jardín primordial, hasta el origen mismo.

Ahora me encuentro con un tesoro en mis manos, pero incapaz de sacarle todo el partido yo sólo. Es por ello que he decidido darlo a conocer, por eso he publicado este blog, por eso imparto cursos, por eso busco editor para Los cuadernos de Jana y, por eso, le he concedido esta entrevista.

-Pero, a mi entender, sigue sin ofrecer pruebas concluyentes y sin pruebas me parece demasiado descabellado afirmar cosas como las que usted dice.

-Pruebas, lo que se dice pruebas definitivas me temo mucho que nunca van a ser presentadas. No hay documentos, quizá el último se perdió con el libro del Obispo Insepulto (el obispo Suárez) de la Catedral de Jaén. Por lo tanto, pruebas históricas no creo que puedan ser dadas, por mí ni por nadie, hoy por hoy. Lo que yo afirmo se basa, sin embargo, en indicios y evidencias que no puedo desarrollar aquí al completo y otras que me callo por precaución.Por otro lado tampoco soy el único ni el primero en afirmar que, como dice Ortega y Gasset, “indicios que se acumulan nos hacen entrever que antes de soplar el viento de los influjos históricos desde Egipto y, en general, desde el Mediterráneo oriental hacia el occidental había reinado una sazón de ráfagas opuestas.” No sé si conoce el libro El Jardín de las Hespérides de J. M. Paredes Grosso, en el que se afirma: “Este misterioso Jardín de Occidente (…) es el escenario de grandes mitos, algunos de trascendencia universal en el Mundo Antiguo. Y es probable lugar de origen de una antiquísima religión, eco de una civilización anterior a la Helénica, y de la que ésta tomaría muchos de sus fundamentos.”

Le aseguro que si no hay pruebas concluyentes de que este territorio, que hoy llamamos Andalucía, fue en el pasado (con el Levante meridional y el Algarbe portugués) el territorio de la primera civilización (al menos en el sentido etimológico de civis, ciudad) y que el santuario de Oringi (como llamaban los nativos prerromanos a Jaén) sirvió de referente para el mito platónico de la Atlántida, sí las hay para desvelar el enigma relacionado con su paisaje (que las culturas antiguas, como hoy las tradicionales, consideraban sagrado), en el cual estaba representada su visión del mundo y, por consiguiente, puede considerarse modelo originario de las artes y ciencias antiguas. De esto último sí puedo dar pruebas ya que he descifrado lo que significan cada uno de sus elementos y su relación con el conjunto.

No deja de ser llamativo que el territorio de Jaén sea el único que en el Occidente cristiano ostenta el título de Santo Reino, que su catedral fuera construida para albergar la reliquia del Santo Rostro, el verdadero rostro de Dios de donde proviene el nombre de Verónica, vera icon (la de la “verdadera imagen”), etc. Ya he explicado que necesitaría un libro para exponer todos los datos de que dispongo. Eslava Galán ha desvelado algunos, aunque relaciona el enigma con un objeto concreto, una Mesa… cuando en realidad el secreto se halla en su paisaje y en el diseño mismo de su ciudad, en la disposición, medidas y orientación de su monumentos … que como he descrito en mi blog El jaina se alinean en la dirección de la puesta del sol en el solsticio de verano apuntando en línea recta hacia el Finisterre o Fin de la Tierra, cuyo enclave religioso es como todo el mundo sabe Santiago de Compostela, y pasan por lugares significativos como Arjona (donde se encuentra la famosa lápida), el santuario de la Virgen de la Cabeza, el Monasterio de Guadalupe, Yuste…. Esto hacia el Noroeste y en dirección contraria: Mágina, Guadix, Almería (concretamente el poblado de los Millares).

Por otro lado, las torres de la Catedral de Jaén apuntan con un ángulo, en relación al eje sur-norte, de 23º, que son los de la eclíptica con respecto al ecuador celeste, hacia Quiebrajano (la quebrada de Jano, el dios doble romano relacionado con el círculo del año y con los solsticios), Colomera (pueblo de Granada de donde era oriundo el pastor que descubrió la Virgen de la Cabeza), Granada, La Alhambra, Sierra Nevada. Es decir, se trata de leys, como los llaman los ingleses (véase La memoria de la Tierra de Paul Devereux) que relacionan el territorio con los movimientos de los astros y, en el caso de los que he señalado, enlazan el origen y el final en la línea de la puesta y salida del sol en los solsticios, en cuyo centro se halla el observatorio astronómico megalítico o santuario antiguo de Oringi (Origen), reflejo o modelo del mundo.

Hablamos del Árbol Cósmico presente ya en las cosmovisiones chamánicas ( véase, por ejemplo, El chamanismo… de Mircea Eliade), luego representado como Árbol del Paraíso, que es el que está esculpido en la cenefa gótica de la Catedral de Jaén. Por lo que entendiendo uno entendemos el otro. ¿No sé si me explico? Estoy tratando sólo, resumiendo mucho, de dar pistas…Y lo mencionado es sólo parte del secreto, ¿comprende? Quizá a él se refería Manuel Muñoz Garnica -”quizá el último de los que buscaron la Mesa de Salomón” según Eslava Galán, o el último que conoció su secreto y, por cierto, se enriqueció a costa de los tesoros arqueológicos que fue descubriendo- cuando dijo en un escrito suyo fechado en 1846: “la mezquita y la biblioteca del moro fueron el templo y la ciencia de Oriente y Occidente”.

-A partir de los cuales puede deducirse el verdadero nombre de Dios o Nombre del Poder, el Shem Shemaforash hebreo.

-Evidentemente. Por eso callo.

José H. Cero


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Véase también en este blog:

Entrevista a Luis Lucena Canales por José H. Cero
El Arkegrama ¿Qué es? ¿Para qué sirve?
Claves del Arkegrama
Los cuadernos de Jana
Claves del paisaje sagrado de Jaén-Granada