Hoy más que nunca es necesario recuperar el espíritu de los antepasados
El teniente Dunbar (Bailando con lobos) es atrapado al comienzo de su incursión en las praderas de los dakotas por el espíritu del lugar en forma de un viento inesperado. Nosotros, seres humanos modernos occidentales, hace tiempo que olvidamos aquel espíritu de los antepasados que nos ligaba a los genius loci (como los llamaron los romanos).
Nosotros, que no ya escuchamos al viento en las praderas ni al río en los valles, que ya no tenemos guías, hemos suplantado la observación de la naturaleza por el conocimiento de la naturaleza. Pero conocer no es observar. Interpretar a partir de lo que pensamos nos impide percibir lo que vemos o sentimos, lo inmediato que sólo puede transmitirnos el espíritu del lugar. Y, entonces, imaginamos creyendo que nuestras ideas de las cosas son las cosas mismas. Por eso acabamos contaminando el agua del río con los animales muertos de nuestro pasado.
De ahí que el redescubrimiento de los lugares de poder que una nueva moda propugna, de los lugares sagrados que los antepasados descubrieron y respetaron, sea una especie de turismo cultural, un turismo de buscadores/recreadores de misterios, sin otro contacto con la tierra que sus pensamientos, sus ideologías, su idea de las cosas.
De ahí que el pensamiento/sentimiento ecológico quede la mayoría de las veces en una nueva forma de consumismo.
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