Más allá mucho más allá, hasta el origen
Partí de la siguiente pregunta:
¿Y si la historia del hombre fuera la historia del exilio y la añoranza del paraíso perdido?
Y me perdí buscando el paraíso original en Andalucía. Si bien hoy puedo afirmar claramente que es muy probable que los mitos del paraíso se generaran a partir del recuerdo de una patria de origen, que muy bien pudo ser el sur de la Península Ibérica, he acabado por comprender que eso, aquí y ahora, resulta completamente irrelevante. El descubrimiento tendrá su importancia desde un punto de vista “científico”, pero no añade nada importante a nuestras vidas, con excepción quizá de poner en evidencia la desmesurada importancia que otorgamos a los sueños, mientras nuestra casa arde.
Les contaré la historia así que me perdí en la pregunta:
¿Y si el paraíso original que buscamos en tierras extrañas estuviera en el punto de partida, en un lugar de Andalucía, entre Almería, Jaén y Granada, centro de irradiación de la cultura prehistórica megalítica?
Los pre y prototartesios, que según Romero Esteo en Europa y Tartessos, se vieron impulsados -quizá obligados por un cataclismo que destruyó su mundo- a abandonar su tierra llevaron consigo su cosmovisión, extendiendo por todos los rincones del mundo su mapa o modelo unido a la nostalgia del paraíso perdido.
Después de 30 años de investigación el asunto empieza a estar suficientemente claro.
Si bien, la ingente memoria que la pérdida del paraíso y su añoranza, el sufrimiento de la búsqueda dejó en los caminos, las ciudades, en los paisajes, en el corazón de los hombres de todos los tiempos y lugares, de todas las religiones y culturas, amenaza con abortar cualquier exposición completa, necesariamente sencilla. Lo intentaré a sabiendas de que me dejo en el tintero parte del tesoro descubierto, seleccionando de la corriente total de la memoria aquello que resulta más relevante, ahora… aquí donde confluyen todos los caminos del pasado, y sin motivo.
Los mitos y leyendas de prácticamente todas las culturas de todo tiempo y lugar describen al hombre viviendo, en el origen, en un paraíso, en una edad de oro. También cuentan cómo fuimos expulsados de él, cómo lo perdimos.
El mito del paraíso perdido es una constante, y no sólo en la cultura occidental, que expresa la añoranza de una edad de oro, sin conflictos entre la divinidad y el hombre, entre el hombre y sus semejantes, entre el hombre y su entorno natural.
La palabra paraíso proviene del latín Paradisus, del Griego Para-deisos, que a su vez deriva del Persa antiguo o de la lengua Avéstica de Zaratustra Pairi-daeza, cuyo significado es “parque rodeado de árboles y repleto de animales”; emparentado con el Paradesha sánscrito y el Pardes caldeo, que significa la “región suprema” con su fuente central y sus cuatro ríos manando en las cuatro direcciones.
Cabe diferenciar entre paraíso y edén. Edén, es de raíz hebrea (de origen acadio), significa “delicia” o “bien regado, con suficiente agua”, se refiere a un lugar prístino, puro y natural, y aparece ya en las tablillas cuneiformes de la Epopeya de Gilgamesh, relacionado con la idea de inmortalidad.
Del concepto de paraíso sería preciso distinguir entre:
-El paraíso interior: el paraíso de los místicos, el presente eterno, el aquí ahora.
-El paraíso postmorten: los Campos Elíseos griegos, los Campos de Ialu egipcios, el Valhalla nórdico, el paraíso musulmán, el cielo cristiano…
-El paraíso terrenal situado en un sitio geográfico concreto aunque contaminado con elementos legendarios: la isla de San Brandan, el reino de Preste Juan, Eldorado… el tópico del locus amoenus, (en latín, “lugar placentero”) que usualmente se refiere a un terreno bello, sombreado, de bosque abierto, un edén o jardín paradisiaco.
-El paraíso terrenal situado en un tiempo pasado o futuro: utopías proyectadas hacia el pasado o hacia el futuro en los mitos del buen salvaje y en la búsqueda de la sociedad perfecta.
-El paraíso original perdido, presente en los mitos sobre el origen de prácticamente todas las culturas: el paraíso de las culturas medio orientales antiguas, que inspiró el paraíso bíblico, el Jardín de las Hespérides y la Atlántida griegos, el País de los Jinas y la Montaña del Kaf del mundo árabe y numerosas leyendas que, de manera más o menos velada, hacen referencia a un lugar y a un tiempo en el origen de donde provendría el conocimiento humano, y del que fuimos expulsados por cometer, según las distintas tradiciones, una falta contra Dios o contra sus criaturas, nuestros semejantes, o la naturaleza.
Habitualmente estos conceptos se confunden hasta hacerse, muchas veces, indistinguibles, quizá porque todos remiten a lo mismo, al recuerdo de un lugar y tiempo que confluyen en el aquí ahora.
Como todo ser humano en conflicto, busqué el paraíso en la relación con los demás, en los sentidos, en el conocimiento… y hastiado de todos los caminos, ya sin esperanza, seguí el rastro de los mitos, buceé en el inconsciente colectivo, busqué el paraíso original perdido… y lo encontré. Acabando por comprender que eso, aquí y ahora, resulta completamente irrelevante mientras no abordemos la cuestión de fondo: el conflicto y el sufrimiento humano.
Creí sin embargo que el conocimiento de la estructura subyacente de la conciencia reflejada en el modelo o mapa del paraíso encontrado podría ayudarnos a conocernos y corregir los errores del pasado.
© 2009 Luis Lucena Canales
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