-Cuando encontré su blog y lo leí sobrevino en mí cierta clase de confusión y una gran cantidad de preguntas. Algunas de las cuales me gustaría hacerle. Por una parte, la manera de presentar el material me pareció desde el principio algo caótica, no sé si es intencionado o no.

-En parte sí, pretendí en un primer momento dificultar el acceso a sus claves… aunque, en realidad resulta caótica por la misma manera en que el blog se construyó y por la clase de contenidos diversos que lo componen. Por un lado, las conclusiones parciales de la investigación sobre el supuesto observatorio astronómico megalítico de Oringi (actual Jaén), centro religioso de una civilización prehistórica que se extendió por toda la actual Andalucía y más allá, y que pudo ser origen de las culturas históricas de Europa y del mediterráneo, por otro, las consecuencias derivadas de la cosmovisión implícita en él y la reconstrucción de su modelo del mundo en el Arkegrama.

-Usted entonces admite que dicho el observatorio es sólo una suposición.

-Sí, una hipótesis de trabajo, a partir de la cual intento poner de manifiesto una serie de datos recogidos durante 20 años, según los cuales hay una misteriosa relación entre el paisaje de Jaén-Granada y el Tarot, las letras del alfabeto sagrado griego y los signos astrológicos, los símbolos alquímicos y cabalísticos, los cosmogramas y símbolos de múltiples culturas de todo tiempo y lugar… y, en general, los elementos de la visión del mundo que se ha dado en llamar Tradición Perenne. Todo lo cual nos hace pensar que tuvieron un origen común.

-¿Y ese origen piensa usted que pudo estar situado en el territorio de la actual Andalucía?

-No soy yo el primero que lo ha dicho (Ortega y Gasset, Paredes Grosso entre otros), aunque sí el primero que, aparte de aportar indicios, está dispuesto a ofrecer medidas…

-¿Qué clase de medidas?

-El observatorio astronómico de Oringi fue construido según las medidas y proporciones del paisaje que lo circunda, paisaje considerado sagrado, pues representa el Árbol Cósmico, modelo de las cosmovisiones originarias.

-¿Podría ser más explícito, por favor?

-No, por el momento. Estoy trabajando en ello y lo presentaré en una novela, que estoy subiendo semanalmente a un blog, Los cuadernos de Jana. Solamente señalar que el paisaje de Jaén-Granada contiene, en la relación de las medidas de sus accidentes más significativos, la proporción áurea, según la cual fue construido el santuario-observatorio astronómico de Oringi.

-Pero ¿qué significa eso?

-Lo que parece claro es que las civilizaciones, que en este territorio se asentaron, tenían conocimiento de cierto secreto… Juan Eslava Galán fue el primero en señalarlo, y el que más se ha aproximado a su verdadero significado, al proponer que está relacionado con la mítica Mesa de Salomón. Para mí dicha mesa es el mismo paisaje de Jaén-Granada y su secreto no es otro que contener las claves de la concepción originaria del mundo. Su relación con la Mesa de Salomón es sólo un episodio más de la historia del santuario de Oringi, y sólo porque dicha mesa es un modelo del mundo, síntesis de la ciencia antigua.

-¿Usted cree que eso va a ser aceptado por los… especialistas?

-No, por supuesto que no va a ser aceptado, ni resulta relevante el hecho de que lo sea. Los especialistas están presos de su lenguaje abstracto, formalizado, sobre el que construyen la que creen es la única ciencia posible, la cual identifican con la verdad. Esta es su limitación, limitación que se han puesto ellos mismos: ver el mundo a través de una reja (a la que llaman conocimiento empírico, ciencia, verdad…). Estudian el objeto desde fuera, fragmentándolo y, así, lo limitan y condicionan los resultados. Por eso no pueden llegar sino a ofrecer datos, describir hechos aislados…

-Pero usted también se basa en datos objetivos, medidas…

-Lo relevante es clarificar el sentido implícito en esos datos. Yo trabajo más bien como un poeta, tratando de hacerme igual a lo que estudio, para comprenderlo completamente, de manera holística. El problema de Occidente es que por el proceso de abstracción, conceptualización y secularización del pensamiento hemos sido desposeídos de nuestra relación con la vida, que no es posible desligar de los objetos-procesos de la naturaleza, y la estudiamos como si no tuviera nada que ver con nosotros, que somos esa misma vida-naturaleza. Trato, pues, de reestablecer aquella relación perdida, similar a la de los pueblos indígenas o tradicionales, en el presente, y recuperar, por tanto, nuestra visión primigenia, nuestra visión indígena del mundo, para articular en torno a ella y en el presente, insisto, nuestra relación con el mundo.

-¿Por qué ha elegido el género novela para exponer el resultado de sus investigaciones?

-Me interesa describir, además del descubrimiento en sí, el mundillo que se mueve alrededor de la moda esotérica, de las visiones alternativas a la historia oficial, toda esa paranoia irracionalista, esa frívola charlatanería del que no entiende de lo que está hablando y se inventa enigmas, ya sabe, el montaje ese de los buscadores-vendedores de misterios y demás mercadotecnias. Y, además, por lo que he dicho antes, no podría expresar plenamente mis descubrimientos en un lenguaje… digamos… académico. ¿Dónde, en este caso, la poesía?

-¿Cuál fue la cultura que construyó el mencionado observatorio?

-Podemos inferir que fue una cultura neolítica, probablemente del periodo llamado Calcolítico, aunque sobre la base de un conocimiento mucho más antiguo (del Paleolítico)… si bien, no resulta tan importante determinar este hecho. Lo importante es comprobar que se trata de una cosmovisión semejante a las restantes cosmovisiones tradicionales e indígenas del todo el mundo, y que su modelo originario se halla en una gran diversidad de mitos y leyendas, de mandalas o cosmogramas de todas las culturas y de todos los tiempos (véase Relación del Arkegrama con otros diagramas). Lo que nos permite recuperar nuestro pensamiento indígena, ligado a nuestro propio territorio, para así poder mantener un diálogo en plano de igualdad con otros pueblos…

-Pero, resulta asombroso que usted pretenda borrar de un plumazo los milenios de evolución y progreso de nuestra sociedad.

-No pretendo tal cosa. Sólo que indaguemos en nuestro inconsciente colectivo… que como comunidad aprendamos de la relación que nuestros antepasados mantenían con su entorno geográfico, de su sentido de lo sagrado, de su relación de equilibrio con el medio ambiente. Hoy se habla mucho, en los grupos de apoyo y ayuda a los pueblos indígenas, de aprender de la relación que ellos mantienen con la naturaleza. Pues bien, saber cuál era nuestra cosmovisión originaria y qué relación religioso-simbólica manteníamos con nuestro entorno, saber cómo se ha mantenido esta, con distintas formulaciones pero idéntico fondo, en todos los pueblos que aquí se asentaron hasta la modernidad, nos permitirá entender qué y cómo somos…

-Pero, perdone que insista en este tema: ¿Usted cree que va a ser aceptado que nuestra cosmovisión originaria tiene relación con el Tarot, la astrología, la cábala, cuando estas disciplinas no están precisamente bien vistas en una sociedad racionalista como la nuestra?

-Estas y otras disciplinas son nuestra tradición, aunque no nos guste. Y no nos gusta porque en los últimos tres siglos han sido desprestigiadas por los racionalistas. Pero el racionalismo no es sino una parte muy pequeña de nuestra tradición. Los científicos hasta la Ilustración no rechazaron estas disciplinas, al contrario les concedían credibilidad, las estudiaban. Hablo de científicos como Kepler o Newton. Newton, por ejemplo, era un apasionado de la Astrología y de la Alquimia. Peter Watson, en Ideas, Historia Intelectual de la Humanidad, menciona que quizá “… lo más sorprendente de todo sea, que los estudios más recientes sugieren que los descubrimientos científicos de Newton, que cambiaron al mundo, podrían no haber sido realizados nunca, de no ser por sus investigaciones alquímicas.” Lo cual es considerado, por los científicos actuales, residuo de la superstición antigua en el científico, sencillamente porque ellos ignoran todo lo referente a este arte y son incapaces de comprenderlo a causa de sus propios planteamientos reduccionistas y sus prejuicios. No estoy propugnando una vuelta a la astrología, a la cábala o a la alquimia como explicación definitiva del mundo y que, por tanto, anule los conocimientos de la ciencia moderna, sino su consideración como conocimientos relevantes sobre el hombre y el cosmos. Al fin y al cabo se hallan en la base de nuestro conocimiento científico. Por ejemplo, no son muy conocidos hechos como los que menciona Frances A. Yates en El arte de la memoria, a saber: como Leibniz se basó en el arte de la memoria de Giordano Bruno y otros pensadores herméticos para elaborar su cálculo infinitesimal. Este autor dice en su libro:

“Es fascinante observar cómo, entre las tendencias del nuevo siglo, el arte de la memoria sobrevive como factor de crecimiento del método científico.” El arte de la memoria viene de la tradición hermética, como el Tarot, que, en esencia, no es sino un arte popular de la memoria.

-Pero, no podemos rechazar los bienes conseguidos por la racionalización y secularización del mundo.

-Mi acercamiento a estas disciplinas no implica renunciar a las conquistas de la ciencia moderna, ni a la cosmovisión que de ella se deriva, sino que intenta integrar los planteamientos ideológicos y metodológicos de unas y otras, recuperando el hilo perdido con el tajo de la Ilustración. Se trata de recuperar aquellas artes y ciencias, ponerlas en el lugar que les corresponde sin rechazar lo positivo del racionalismo. Aunque, lo que parece claro a estas alturas es que lo conseguido por estos tres siglos de racionalismo no resulta especialmente positivo: destrucción de los bienes naturales, contaminación, los ríos convertidos en cloacas, guerras, hambrunas, deforestación, calentamiento global, una vida de abundancia material pero desprovista de sentido, sin alicientes, neurosis colectivas, depresiones, psicopatías, etc. Estos son los logros de la modernidad. Si bien es verdad que, en el terreno de lo social y lo político, la modernidad ha aportado la libertad individual frente al Estado y las Iglesias, el hombre moderno no ha sabido conectar con la fuente de esa libertad, que no se halla precisamente en el poder político ni en el social. Hombre-sin-religión no significa necesariamente hombre-no-religioso. Es más, dudamos que lo religioso tenga que ver con toda esa clase de reglamentaciones, rituales, fórmulas, etc. de las religiones oficiales.

-De alguna manera el íntimo e individual sentimiento religioso tiene que ser expresado y, en cuanto que social, reglamentado.

-La institución, el ritual, mata el espíritu. La reglamentación es necesaria para los asuntos prácticos. La confusión entre religión y asuntos civiles, políticos o sociales, apaga la vivencia y el sentimiento religioso individual, el único real.

- ¿Cuál es el papel de los artistas, los intelectuales, los poetas, la parte más consciente de la sociedad, en todo esto? ¿No son en cierta medida los sucesores de los sacerdotes antiguos?

-Sí, de alguna manera lo son, si entendemos por sacerdote al conservador y propagandista de cierta ideología. Observe como, aunque por la secularización de la sociedad ya no se precisa el concurso de sacerdotes en la vida pública, muchos de los intelectuales modernos siguen lanzándonos sermones laicos desde sus púlpitos de los mass-media. Si bien la mayoría están centrados en el mercado, dedicándose a realizar obras que son mera publicidad de sí mismas, otros, desencantados de las utopías sociales que les proporcionaban cierto sentido de la existencia, se entregan a una práctica evasiva, dispersadora, enredados en nuevos sentimentalismos que son un auténtico canto a lo mediocre del ser humano o en vacíos formalismos.

Aunque algunos que practicaron esa forma de no poesía llamada de la experiencia comienzan ahora a hablar de reencantar al mundo, porque dejar de lado nuestro sentimiento religioso, simbólico, mitológico… no es posible. Dice Heidegger que “suponiendo que la ‘Mitología’ no es una teoría de los dioses que los hombres se inventan porque todavía no están maduros para una Física y Química exactas, suponiendo que la Mitología es el ‘proceso’ histórico en el que el Ser mismo aparece poéticamente, entonces, el pensar, en el sentido de pensar esencial, está en una relación originaria con la poesía.”

En todo el mundo hay una corriente que se expresa de muchas maneras (ecología, vida y alimentación natural, nuevas terapias, interés por los esoterismos, gusto por lo étnico, por otras culturas diferentes a la nuestra, músicas del mundo, etc.) y que intenta recuperar esa perdida visión del mundo. Y aunque a veces esto es sólo moda, una frivolidad más de los refinados occidentales, no deja de ser un síntoma, mientras muchos otros aún siguen aferrados a esa visión del mundo que habla de progreso o utopías sociales que se convierten en matanzas de estudiantes, negación de la soberanía de los pueblos, etc. Necesitamos, pues, una nueva poética, no para no perderse ya que estamos perdidos, sino para reencontrarnos. Quizá el chamanismo, al no apoyarse en ninguna institución, sino en el individuo creador, el chamán entendido como poeta-artista-sanador, sea la fórmula más idónea, con las cosmovisiones tradicionales e indígenas (que conservan todavía mucho del chamanismo primordial) para nuestra época postmoderna.

-Y usted cree que para ello es fundamental la palabra, la escritura…

-La escritura es hoy por hoy el mejor instrumento para no entenderse. Somos dignos hijos de Babel. Sin embargo, quizá nos quede una esperanza si reconstruimos aquella famosa torre del origen y volvemos al único lenguaje posible: el lenguaje de los ángeles o de los pájaros que hablaba el rey Salomón, el lenguaje de los símbolos primordiales nacido de nuestra visión primaria del mundo, cuando el pensamiento aún no se había escindido de los procesos energéticos del entorno. Y ese lenguaje tiene mucho que ver con la geometría (expresión de lo simultáneo), con la alquimia (lenguaje de la energía sin hacer distinción entre dentro-fuera), con la astrología (expresión de las energías del cielo en su relación con la tierra) y con una gran diversidad de prácticas artístico-terapéuticas de todos los pueblos del mundo… y con la cábala (que trata sobre el significado cualitativo de los números, como el pitagorismo, y de las letras, el alfabeto sagrado cuyo significado se ha perdido), con todo lo que se ha llamado la Tradición Perenne. Ese lenguaje que nos religa con nuestros antepasados comunes, con las culturas tradicionales e indígenas de todo el mundo, que tiene que ver con las voces naturales ligadas a las emociones expresadas por símbolos universales, inseparables de la emoción, el ritmo, el tono: las “palabras depuradas de toda ideología”, las “claras y divinas músicas” de Valle-Inclán. El lenguaje de los pájaros o de los “ángulos” (Lawlor), de las divinas proporciones en la tierra. El lenguaje del fuego y del aire unido al lenguaje de la sangre que, según la terminología de Lorca es el lenguaje del duende, porque, como dice el poeta, el arte “no es cuestión de facultad, sino de verdadero estilo vivo; es decir, de sangre; es decir, de viejísima cultura, de creación en acto“.

Y yo me pregunto: ¿Sería, pues, posible, partiendo de Lorca, una poesía-filosofía-ciencia del duende, de la musa y del ángel? Cada cual en su sitio, cumpliendo su función. Porque quien no está en contacto con la musa se pierde y quien no conoce la lengua de los ángeles es como una hoja barrida por el viento que no puede dejar de llorar su incomprensible destino. El artista, el poeta, el científico actual, demasiado entregado a la técnica, es un creador inspirado por la musa pero que ha perdido definitivamente al duende. Porque “ángel y musa vienen de fuera; el ángel da luces y la musa da formas” pero “la verdadera lucha es con el duende.” Un creador que se complace en sus experiencias, en su sentimiento propio, es un creador sordo para el rumor común de la sangre y para los universales resplandores del ángel, es simplemente un murmurador, un creador de formas vacías.

Necesitamos, pues, no una nueva poética sino un nuevo tipo de poética.

-¿Un nuevo tipo de poética?

-Una detallada descripción del proceso creador, es lo que corresponde al poeta, al artista, al científico, no una toma de partido que apoye un determinado punto de vista contra otros, no meras declaraciones de principios. La poesía como el arte, como la ciencia no necesitan manifiestos sobre contenidos, ideas o formas sino la creación de un lenguaje común ligado al ser humano total, cívico y heroico, empírico y metafísico, naturalista y simbólico, de cualquier religión, cultura o ideología…. A lo largo de los siglos ha habido muchas clases de creadores, de poetas y de poesía, desde el juglar al adivino o al profeta. Todos se resumen en la figura del teúrgo o mago, el investigador de los procesos creadores: el chamán-poeta-sanador.

En el caos de la era de la información el hombre, perdido, se vuelve hacia sí mismo. ¿Se dará cuenta este hombre que dentro es fuera y fuera es dentro? ¿Puede esperar el creador a que el resto de los hombres lo comprendan? ¿Ha de seguir la corriente del aparentemente intrascendente juego que lleva al abismo? El arte, la poesía, la ciencia es mucho más que una puesta en escena, un simulacro. No teme los afectos, acepta su servidumbre. El acto creador enlaza con el sentimiento prístino.

La poesía, el arte, la ciencia sigue siendo una tarea de héroes que se implican con la aventura de la vida en su totalidad, que no la dan por supuesta, ni se dejan llevar por la corriente común de un signo o del contrario, pues ambos empujan en la misma dirección. La dirección está clara: un disparo en la cabeza nos despertará del insulso sueño del bienestar.

Manuel Rubio Fimia