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Artículo El dragón de Jaén de José Torres Fernández publicado en el Boletín del Instituto de Estudios Giennenses N.º 193 / 2006 – Págs. 173-199, con la autorización de su autor.dragon.jpg

EL DRAGÓN DE JAÉN

Por José Torres Fernández

RESUMEN
La leyenda del «lagarto de la Magdalena»de Jaén, una variante local de la deldragón, tiene una especial importancia en esta ciudad desde la Edad Media, estando acompañada por el dicho de que la ciudad se asemeja a un enorme dragón.Esto toma sentido con esta investigación, pues los principales templos de la ciudad antigua forman el dibujo de la constelación del Dragón, en una correlación de monumentos y estrellas, de una manera bastante exacta pero a la vez con ciertas peculiaridades en sus medidas y disposición general que lo hacen aún más interesante.

Summary The legend of «el lagarto de la Magdalena» («the lizard of Magdalen») of Jaén, a local version of the dragon legend, has a special importance in this city since the Middle Ages. Moreover it is said that the city looks like an enormous dragon and this makes sense with this investigation, since there is a correlation between the main temples of the old city and the stars of Dragon constellation, in a quite exact way but simultaneously with some peculiarities in its measurements and general arrangement that make it more interesting.

JAEN es una ciudad rica en leyendas, pero, sin duda, la más importante y arraigada en el pueblo es la del «lagarto de la Magdalena». Esta leyenda es conocida por la mayoría de los giennenses, sin embargo, lo hacen en su forma más elemental, siendo muy pocos los que la conocen con más profundidad y atisbando en ella un significado más allá del evidente, es decir, el del gran lagarto que se cobija en la cueva del raudal de la Magdalena, que atemoriza a la población y que finalmente es matado por un héroe haciéndolo reventar con explosivos, como se dice popularmente.

Todo el que esté familiarizado con los mitos y leyendas sabe o sospecha que detrás de esas historias fantásticas se suele esconder desde una simple moraleja hasta un mensaje más trascendente o una historia y lugar reales, sirva de ejemplo muy famoso el caso de Troya, que siempre se consideró producto de la imaginación de Homero o de su época hasta que fue encontrada por Heinrich Schliemann, un hombre que supo ver más allá de la leyenda, pasando a ser una rotunda realidad.

En el caso del «lagarto de Jaén» se ve claramente que se trata de una variante más de la extendida leyenda mediterránea y europea del horrible dragón que es vencido por el héroe. En la versión cristiana es un santo, como San Miguel o San Jorge, el que vence al dragón como símbolo del mal, el pecado y el paganismo. Según la mitología clásica, el dragón es guardián de un tesoro oculto, que en los romances medievales se retoma de forma que el caballero debe matar al terrible animal para lograr rescatar, normalmente, a una doncella.

El tesoro que guarda el dragón en su cueva puede entenderse como algo material o también inmaterial, como puede ser una serie de conocimientos, una sabiduría de gran importancia. No es mi intención ni el motivo de este trabajo analizar el mito del dragón, aunque más adelante será necesario retomarlo.

Por tanto, en Jaén, el dragón, con el discurrir de los siglos, tomó la forma de gran lagarto e incluso de caimán o cocodrilo. Sin embargo, todavía persiste la figura primigenia cuando se dice que la ciudad se asemeja a un enorme dragón recostado en las faldas del monte de Santa Catalina. Fijémonos también en el curioso escudo de la catedral de Jaén, como el que se encuentra en la Antesacristía, que es especialmente bello. En él se representa a la Virgen María con el Niño en brazos, sentada en una especie de banco o trono, encima de un dragón que está posado en un monte rodeado de murallas, representadas con una vista frontal que da a entender que forman un hexágono, aunque también puede ser un octógono.

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Esta entrada está motivada por el comentario del señor Díaz-Montexano a mi artículo Claves del paisaje sagrado de Jaén-Granada.

Uno
Es para mi un honor tenerle por aquí señor Díaz-Montexano, pero, por favor no se me enfade ni suba la voz más de lo razonable entre personas educadas. Si usted se siente herido por mi comentario a su persona quizá le consuele saber que lo único que pretendía era citarle, para que usted no se enfadara (lo cual no he conseguido), dejando claro que no estaba de acuerdo con las consecuencias que de la observación evidente del hecho (el patrón arquitectónico de Marroquíes Bajos coincide con el del relato platónico de la Atlántida) usted hace. No era ese el lugar ni el momento de entrar en detalles. Quizá ahora, aprovechando que usted viene aquí a retarme, pueda intentarlo.

Tiene usted toda la razón en cuanto al “derecho de todo ser humano a ser reconocido por sus méritos propios intelectuales”. Lo que yo pongo en duda es que sea ningún mérito intelectual decir lo evidente.

¿O es que alguien se atreverá a considerarse algún día autor intelectual por ser el primero en decir que si se deja caer una manzana esta viene a dar en el suelo y del suelo no pasa? ¿Fue ese el mérito intelectual de Newton? Amigo mío, Newton no descubrió que la manzana caía del árbol hasta dar en tierra, eso por evidente no es objeto de ciencia, sino que descubrió, describió y demostró la ley que la hacía caer a partir del hecho que todo el mundo conocía. Newton no reclamó el descubrimiento del hecho de que la manzana caía sino de la causa, de la ley y la demostración de esta. Pero usted pretende apropiarse del hecho, de la evidencia. Usted que ni siquiera ha formulado la hipótesis de que Marroquíes Bajos sea el referente real del mito de la Atlántida platónica, solamente ha mencionado su parecido. Vaya cosa: la manzana cae por su propio peso. Lo cual nos deja como estábamos. Hay que saber sacar las conclusiones correctas de los hechos… y de los datos, formular hipótesis correctas.

Usted en ningún momento dice que la macroaldea de Marroquíes Bajos haya podido ser el referente histórico del relato mítico de la Atlántida, usted dice otra cosa muy diferente:

«Creo (…) que la primitiva ciudad concéntrica de Jaén demostraría que éste era el patrón arquitectónico usado por determinados pueblos de Iberia durante el Calcolítico y la Edad del Bronce, que son los mismos que Platón describe bajo el nombre de Atlánticos, es decir, pueblos de las costas atlánticas. La ciudad de Marroquíes Bajos fue edificada por estos pueblos que podríamos llamar (como lo hizo Platón) ‘atlantes’ o ‘atlánticos’; pueblos del Calcolítico y del Bronce de la Península Ibérica que no sólo habitaron en Andalucía».

http://iuventa.blogia.com/2005/082301-jaen-una-ciudad-de-la-atlantida-.php

Pero no existen, no se han encontrado por ningún lado más aldeas con este patrón arquitectónico que usted dice era usado por determinados pueblos de Iberia: hay una macroaldea y sólo una con este patrón arquitectónico. Además, los pueblos atlánticos son la “estirpe de Atlas”: la costa atlántica cae bastante lejos de Jaén, por cierto. Hay muchas razones para pensar que Atlas (que sostenía el cielo sobre sus hombros) podría ser Sierra Nevada, por ser el lugar más alto de la Península, el más cercano al cielo. Luego, al extenderse hacia occidente, es decir, hacia el Atlántico esos pueblos dieron su nombre al Océano. Ya ve una suposición suya por otra mía. De ciencia, nada.

Lo que usted hace es lo que yo nunca haré, o sea que, habiendo dicho que Atlas podría ser Sierra Nevada, quisiera cobrar peaje a todos los que transiten a partir de ahora por esta idea.

Dos
Las ideas no son de nadie, como no lo es el aliento creador, en todo caso la expresión y desarrollo de las ideas, que es lo que se considera propiedad intelectual y lo que se registra. Yo reconozco su derecho ético, por ser el primero que ha dicho lo que ha dicho en la prensa, y por eso le cito y si lo hago, de la manera en que lo hago, es porque me divierte mucho (no puedo evitarlo) su obsesión por ser el primero; su afán de protagonismo que le lleva a apropiarse de simples observaciones y evidencias (es decir, perogrulladas que confunde con teorías); su confusión en el significado de términos tales como observaciones, hechos, datos, hipótesis, teorías; su predilección por las “pruebas científicas incuestionables” (cuando precisamente si son científicas es porque son cuestionables); su pasión por los dobles raseros y los cotos cerrados, los derechos de propiedad, etc. Y no es que me guste utilizar argumentos “ad hominem” es que (como se ve en su comentario) usted se pone delante de sus propias ideas de manera que ya nadie ve lo que dice sino quién lo dice y cómo, al hombre más que a la idea.

Yo, señor, no creo que usted no sea “un investigador serio y honesto intelectualmente con conocimientos bastante sólidos en las materias” que aplica y tampoco estoy convencido de que no sea más que “un mero estafador y farsante que solamente busca fama, popularidad y dinero”.

Yo más bien creo que no sabe de lo que habla o que habla de lo que no sabe, pero sin maldad ni malicia, sólo por temeridad e ignorancia. Pero, en fin, no deja de ser mi opinión. Trataré en este largo comentario de dejarlo claro, si es que puedo. Vaya de antemano mi respeto, que se merece como cualquier otro ser humano… aunque no es de usted de quien hablamos aquí, repito, sino de sus ideas.

Si le he citado es porque reconozco que ha dicho lo que ha dicho y si digo que se enfada y enfurruña es porque, como puede comprobarse, por su comentario usted se enfada y enfurruña. Le repito que yo no he intentado hacerle “objeto de burla, o sarcasmo, para intentar desacreditar o ningunear a quien reclama su derecho a ser reconocido y debidamente citado o referenciado”. Si así lo hubiera pretendido ni siquiera le hubiera citado (como usted sabe que hacen muchos otros).

Yo lo que digo es que el señor Díaz-Montexano se ha dado cuenta de las similitudes entre la macroaldea de Marroquíes Bajos y la descripción de la Atlántida platónica, pero que él saca conclusiones equivocadas (que al fin y al cabo es lo que importa con relación a la autoría intelectual). Y esto sí que tiene que quedar claro, porque de otro modo pudiera parecer que afirmo lo mismo que el señor Díaz-Montexano y estaríamos otra vez de vuelta en lo de los “méritos propios intelectuales”.

El siguiente párrafo del artículo donde hago referencia al señor Díaz-Montexano, objeto del enfado de este, dice:

“Pero, lo que revela el hallazgo a la luz del Arkegrama es algo diferente: que Marroquíes Bajos bien pudo ser el modelo de referencia de la mítica Atlántida platónica, ya que la descripción de Platón mezcla (al modo de Hesíodo y de la poesía épica) datos geográficos reales con otros mitológicos que, sin embargo, son exactos si entendemos que se trata de una narración simbólica en relación con un paisaje y una cultura reales.”

Usted, como todos los atlantistas, tiene delante de los ojos la evidencia, pero saca conclusiones falsas (sigue buscando la Atlántida en las costas de Cádiz cuando la tiene delante de los ojos), porque de manera inconsistente dice que el relato de Platón es histórico, oponiéndose de manera radical a la tesis de los antiatlantistas, que afirman, también de manera arbitraria, que es una fábula. Pero lo evidente, si se conoce la filosofía y el estilo de Platón en el Timeo (y no sólo los párrafos donde habla de la Atlántida), es que el filósofo utiliza una narración, quizá con un fondo de realidad histórica, para exponer sus ideas acerca del gobierno ideal entre los hombres.

Tres

Si usted considera que el relato es exacto tendrá también que aceptar que la Atlántida fue fundada por un dios, Poseidón. ¿Es esto lo que usted cree, señor Díaz-Montexano? ¿Y cree, así mismo, que Evenor nació de la tierra? Cómo sé que usted no cree en estas cosas (ya que se dice autor de la Atlantología científica) no acabo de entender porqué se empeña en defender la absoluta exactitud de las medidas dadas por Platón y creer en la absoluta precisión de la ubicación de la Atlántida según la describe el relato platónico.

El que el relato de la Atlántida sea “absolutamente verdadero”, como Díaz-Montexano proclama a los cuatro vientos (sacando la frase de contexto), no lo dijo Platón sino uno de sus personajes y está claro que si todos los personajes de una obra son de alguna manera el autor, no todos expresan lo que este piensa. Es Critias quien afirma que el relato es “absolutamente verdadero”, no Platón. Y además dice que lo relató Solón (al que se lo habían contado los sacerdotes egipcios) a su abuelo, de igual nombre que él, y que este de viejo se lo relataba a unos niños, entre los que se encontraba Critias, que lo oyó a la edad de diez años. Es decir, la historia llega a Critias de boca de su abuelo (ya viejo) porque se lo había contado Solón, al que se lo habían contado los sacerdotes egipcios. Esto es importante porque todos sabemos como se desfiguran los detalles de una historia cuando pasa de boca en boca. He aquí el párrafo del Timeo en el que resalto en negritas aquellas frases que indican estas circunstancias del relato:

CRI.– Escucha, entonces, Sócrates, un relato muy extraño, pero absolutamente verdadero, tal como en una ocasión lo relataba Solón, el más sabio de los siete, que era pariente y muy amigo de mi bisabuelo Drópida, como él mismo afirma en muchos pasajes de su obra poética. Le contó a Critias, nuestro abuelo, que de viejo nos lo relataba a nosotros, que grandes y admirables hazañas antiguas de esta ciudad habían desaparecido a causa del tiempo transcurrido y la destrucción de sus habitantes, y, de todas, una, la más extraordinaria, convendría que ahora a través del recuerdo te la ofreciéramos como presente, para elevar al mismo tiempo loas a la diosa con justicia y verdad en el día de su fiesta nacional, como si le cantáramos un himno.
SÓC.– Bien dices. Pero, por cierto, ¿no explicaba Critias cuál era esta hazaña que, según la historia de Solón, no era una mera fábula, sino que esta ciudad la realizó efectivamente en tiempos remotos?
CRI.–Te la diré, aunque escuchada como un relato antiguo de un hombre no precisamente joven. Pues entonces Critias, así decía, tenía ya casi noventa años y yo, a lo sumo diez. Era, casualmente, la Kureotis, el tercer día de los Apaturia. A los muchachos les sucedió lo que es siempre habitual en esa fiesta y lo era también entonces. Nuestros padres hicieron certámenes de recitación. Se declamaron poemas de muchos poetas y, como en aquella época los de Solón eran recientes, muchos niños los cantamos. Uno de los miembros de la fratría, sea que lo creía realmente o por hacerle un cumplido a Critias, dijo que si bien Solón le parecía muy sabio en todos los otros campos, en la poesía lo tenía por el más libre de todos los poetas. El anciano, entonces –me acuerdo con gran claridad– se puso muy contento y sonriendo dijo: “¡Ay Aminandro!, ¡ojalá la poesía no hubiera sido para él una actividad secundaria! Si se hubiera esforzado como los otros y hubiera terminado el argumento que trajo de Egipto y, si, al llegar aquí, las contiendas civiles y otros males no lo hubieran obligado a descuidar todo lo que descubrió allí, ni Hesíodo ni Homero, en mi opinión, ni ningún otro poeta jamás habría llegado a tener una fama mayor que la suya“. “¿Qué historia era, Critias?”, preguntó el otro. “La historia de la hazaña más importante y, con justicia, la más renombrada de todas las realizadas por nuestra ciudad, pero que no llegó hasta nosotros por el tiempo transcurrido y por la desaparición de los que la llevaron a cabo“, dijo el anciano. “Cuenta desde el comienzo”, exclamó el otro, “qué decía Solón, y cómo y de quiénes la había escuchado como algo verdadero“.
(La traducción de http://www.kelpienet.net/rea/platatla.php

quizá no sea excelente, aunque suficiente para el tema que nos ocupa).

Creo que queda más que claro que:

-Critias (el abuelo del narrador) era un poeta, no un historiador, y que a quien se le compara es a Hesíodo y a Homero, que no eran precisamente historiadores.

-El relato sobre la Atlántida fue oído por Critias, cuando era niño, de boca de su abuelo, de igual nombre, y este de Solón y este, a su vez, lo escuchó a los sacerdotes egipcios y, a partir de ahí, Critias hace deducciones basadas en el recuerdo ¿Qué grado de precisión puede, por tanto, atribuirse a lo narrado por este? Lo cual no quiere decir que no haya un grado de verdad en lo narrado, pero no busquemos exactitudes porque ni siquiera Critias las da por seguras.

Pongo a continuación algunos párrafos donde el mismo Critias así lo expone:

“Mas adelante, si mi discurso no puede expresar convenientemente su significado, usted debe excusarme, considerando que formar semejanzas aprobadas de cosas humanas es el revés de lo fácil. Esto es lo que deseo sugerir a usted…”

“invocaría especialmente a Mnemosyne (la memoria); pues para toda la parte importante de mi discurso dependo de su favor, y si puedo recolectar, y recitar bastante lo qué fue dicho por los sacerdotes y traído por Solón, no dudo que satisfaré las exigencias de este auditorio.”

“Esto lo deduzco porque Solón dijo que los sacerdotes, en su narrativa de esa guerra…”

“Y a continuación, si no me he olvidado de lo que oí cuando era un niño, enseñaré a ustedes el carácter y el origen de sus adversarios…”

“Por tanto, Sócrates, si en muchos temas, los dioses y la generación del universo, no llegamos a ser eventualmente capaces de ofrecer un discurso que sea totalmente coherente en todos sus aspectos y exacto, no te admires. Pero si lo hacemos tan verosímil como cualquier otro, será necesario alegrarse, ya que hemos de tener presente que yo, el que habla, y vosotros, los jueces, tenemos una naturaleza humana, de modo que acerca de esto conviene que aceptemos el relato probable y no busquemos más allá.”

Pero la verosimilitud planteada por el mismo autor, el relato probable, se ha convertido en manos de los atlantistas (entre los que se encuentra el señor Díaz.Montexano), forzando las definiciones de historia y realidad, en historia verdadera, no un mito o leyenda.

Cuatro

A partir de esta creencia Díaz-Montexano y los atlantistas hacen la afirmación de que se trata de un relato histórico de gran precisión que describe hechos y lugares y medidas exactas. Pero, tenga en cuenta que en el Timeo Platón nos expone su cosmología, su doctrina física, e indaga sobre las relaciones entre el mundo sensible y el mundo inteligible y, tomando como ejemplo el relato que comentamos, sobre la verosimilitud de los relatos y la precisión de los recuerdos.

Es razonable pensar que para conocer el sentido de la narración sobre la Atlántida sea preciso conocer el sentido y significado del libro donde está inserta, así entendemos el enfoque y la intención del narrador y de la narración, pero a usted sólo le interesa el contenido, y escasamente su estructura, al que concede caprichosamente (sin prueba alguna) el carácter de historia real no inventada simplemente porque parece tener un fondo de verdad. Por tanto, creer que el relato platónico de la Atlántida es historia, tal y como nosotros concebimos hoy la historia, es desconocer la orientación de la filosofía platónica y, en concreto, el motivo y tema del Timeo. La Atlántida de Platón puede ser una historia donde se entremezclan elementos verdaderos con otros míticos y simbólicos. Ahora bien, ¿cómo distinguiremos unos de otros? Usted sabe cómo las historias que corren de boca en boca acaban por desfigurarse. Por eso es necesario ir a las fuentes. De eso se dialoga entre otras cosas en el Timeo platónico, de cómo a una historia verdadera se añaden elementos ficticios por correr de boca en boca o por perderse su memoria a causa del tiempo transcurrido. Pero, usted se lo toma todo al pie de la letra, como buen aspirante a académico, al contrario que ese grupo de burdos empiristas que le critican tanto (los eruditos académicos), pero tantos unos como otros toman el relato, ya sea como historia verdadera o como fábula, sin más demostraciones, decretando que su creencia es una verdad incontestable, absoluta.Usted hace una división tan radical entre fábula ficticia, como algo falso, y lo histórico como algo verdadero, que no sé si pensar si lo dice en serio. ¿Quién decide sobre lo verdadero y lo falso? ¿El mismo escritor decide si es verdadero o falso? ¿Qué pasa entonces con obras como el Quijote donde se plantea como verdadero lo que evidentemente es una fábula o como fábula lo que a todas luces es verdadero? ¿No se dará en todo relato una mezcla de ambos elementos? Es lo que se plantea en el diálogo platónico del Critias. Es lo que discuten Sócrates, Timeo y Critias introduciendo la narración de la Atlántida para ejemplarizarlo.Y siendo así, el señor Díaz-Montexano nos quiere hacer comulgar con sus ruedas de molino de que es una historia verdadera en todos sus detalles, aunque sin mencionar que la acrópolis de la Atlántida la fundó el dios Poseidón casada con Clito, hija de Evenor nacido de la tierra, lo cual, por lo mismo, debe ser también rigurosamente cierto.

Cinco

Creo, señor Díaz-Montexano, que los secretos del arte de la escritura narrativa le son completamente extraños y ajenos. La mente de un escritor es como la mente de don Quijote, tal y como muestra Cervantes en su novela. ¿Por qué, entonces, esa separación tan categórica entre fábula e historia?

Su afán, como el de todos los racionalistas que se ocupan de aspectos marginales de la investigación académica y por tanto tienen que ser más papistas que el Papa, es demostrar que la fábula no es historia y que la Atlántida no es fábula sino historia, lo que para usted significa cierta, real, verdadera. Pero en esto ocurre como cuando don Quijote pregunta al mono de maese Pedro sobre la verdad o mentira de los hechos acaecidos en la sima de Montesinos y responde que son “en parte mentira, en parte, verisímiles”. De esos elementos “verisímiles”, y a través de indicios, es de donde podemos partir para establecer pruebas. Lo demás es creencia. Usted y yo creemos en cosas bien diferentes. Lo cual no tiene nada que ver con la ciencia.

Seis

Usted dice:

“Cuando un autor, sea quien sea, es el primero en publicar una hipótesis (sea la que sea), tiene el derecho a ser reconocido siempre que se mencione esta hipótesis, y repito, nadie que sienta un mínimo respeto por la ética profesional, y por el derecho intelectual ajeno, debería sentirse molesto por ello ni debería usar este derecho como un objeto de burla, o sarcasmo, para intentar desacreditar o ningunear a quien reclama su derecho a ser reconocido y debidamente citado o referenciado.”

Pero yo no me refiero en mi artículo a su hipótesis, señor Díaz-Montexano, que ni siquiera menciono. Y que además no es suya, ya que tiene otros antecedentes que usted ni cita. Me refiero concretamente a la hipótesis, de alguna tradición en nuestro país, de situar la Atlántida en territorio andaluz y concretamente el párrafo de Paredes Grosso, en el Jardín de las Hespérides (Madrid, 1985). Dice Paredes Grosso refiriéndose al Timeo platónico:

“De estas palabras de Platón no se deduce necesariamente la existencia de un continente único o de una grandiosa isla, sino que puede ser identificada la imagen que presenta con lo que podía entrever un griego de hace veinticinco siglos de un lejano y antiquísimo Imperio fundado sobra las costas atlánticas de África y de Iberia, con la capitalidad en alguna de sus más famosas islas, largamente celebradas por la mitología griega. Quizás la isla grandiosa de que hablara Platón fuera la propia Península Ibérica.”

Siete

Usted dice:

“Sin embargo, mofarse de quien recurre a este derecho humano universal, y usar este derecho como si fuera algo negativo para realizar cualquier tipo de ataque “ad hominem” contra el autor que reclama su derecho intelectual, sí que es una acción indigna, y muy poco ética, que solamente es practicada y defendida por plagiadores innatos y todo tipo de “vampiros intelectuales”. Afortunadamente creo que este no es su caso, creo que sencillamente usted no ha reflexionado suficientemente, y ha actuado un poco a la ligera a la hora de juzgarme por algo que no merece ningún tipo de juicio negativo ni siquiera irónico, por cuanto es un derecho de todo ser humano.”

No quisiera demasiada polémica sobre este asunto pues lo que pretendo con este blog es algo mucho más serio que andarme con razones del tipo “yo dije, yo soy” que distraigan a los lectores de su objetivo: el estudio del Arkegrama para aprender a sintonizar con Gaia, nuestra Madre Tierra. Por eso, por intentar acabar lo antes posible le repetiré una vez más, a riesgo de ponerme pesado, aunque brevemente, mis razones:

Yo no le juzgo: yo simplemente digo que le cito para que no se enfade. Yo no le niego su derecho: si así fuera ni le habría mencionado por considerar que los hechos y las evidencias no son de nadie. Que sí que usted fue el primero en publicar el dato, la evidencia (que usted confunde con su hipótesis, a la que no hago referencia en mi artículo), que no pretendo robarle su derecho intelectual de haber sido el primero (que se sepa) en decir en un periódico la evidencia, pero que la insistencia en ser el primero en haberlo dicho públicamente y su confusión entre hechos, datos e hipótesis me hace mucha gracia. No puedo evitarlo.

Y si usted considera que esto es un ataque “ad hominem” me retracto de lo dicho y gloria in excelsis Deo et in terra pax hominibus bonae voluntatis.

En resumen

Yo lo único que digo en mi artículo es que usted ha dicho en la prensa algo que muchos habíamos pensado, por evidente. Su hipótesis acerca de esa evidencia, y del dato correspondiente al hecho, no es siquiera comentada en mi artículo. Como su hipótesis dista mucho de la mía, aprovecho para explicitarla ahora, sólo para situar cada cosa en su lugar y que el lector pueda sacar sus propias conclusiones:

1. El relato de la Atlántida mezcla elementos reales con elementos ficticios de carácter simbólico y mítico con el fin de explicitar las ideas filosóficas de su autor.

1.1. La estructura espacial de la acrópolis atlante es un diagrama o mandala que expresa una cosmología, un modelo o visión del mundo.

1.2. Las medidas son probablemente simbólicas y, quizá, significativas para comprender la cosmovisión de la cultura y del pueblo que la construyó.

1.3. Los nombres de los dioses y los topónimos tienen también un significado, lo que se deja ver en las siguientes palabras de Critias:

“Solón, que se proponía utilizar el cuento para su poema, investigó en el significado de los nombres, y encontró que los primeros egipcios, al escribirlos, los habían traducido a su propio idioma, y él, recuperó el significado de varios nombres, y al volverlos a copiar, los tradujo a nuestro idioma.”

2. El relato de la Atlántida hace referencia a una civilización real que podemos rastrear por los restos arqueológicos.

3. La ubicación de la civilización que sirve de referente a la Atlántida del relato platónico podría situarse en cualquier lugar del sur de España, por falta de precisión en el relato.

4. Somos totalmente conscientes de que si aventuramos una hipótesis que concrete, en un tiempo y espacio determinados, donde se encuentra el referente real del relato de la Atlántida platónica necesitaremos aportar datos y pruebas que lo demuestren. Y en eso estamos.

5. El mejor candidato, según el estado actual de la investigación arqueológica, para la ciudad de la Atlántida es la macroaldea de Marroquíes Bajos, en las afueras de la actual ciudad de Jaén, y que consideramos integrada, significativamente, en un paisaje sagrado, por lo que es preciso estudiar su simbolismo. Cuestión que se aborda parcialmente en este blog.

6. Proponemos que la investigación que se realice a partir de esta hipótesis sea colectiva, e integral, ya que abarca un campo demasiado amplio para un solo especialista.

Final

Como ve, señor Díaz-Montexano, yo no planto un pie y levanto un cerco de propiedad privada alrededor de esta idea, no reclamo para mí la idea de que la macroaldea de Marroquíes Bajos pudiera ser el referente real de la Atlántida platónica, sino que propongo una investigación colectiva (a la que por supuesto está usted también invitado), que en caso de no obtener respuesta iré realizando en la medida de mis posibilidades: este blog y más de mil páginas de artículos, datos y notas sobre el tema puede ser un buen punto de partida.

Un afectuoso saludo.

Luis Lucena Canales