El 19 de Octubre de 2007 recibí el siguiente comentario en

http://eljaina.wordpress.com/el-arkegrama-¿que-es-¿para-que-sirve/ de Hernando Orjuela Farfán

Dada una reciente experiencia con el Yagé,medicina sagrada indigena y a las visualizaciones tenidas con la misma estoy intersado en saber del arkegrama y sobsre todo de las relaciones que pueda tener con los Moros.Hernando

Al que respondí al día siguiente

El Arkegrama es una síntesis de los modelos de correspondencias de las cosmovisiones antiguas, tradicionales, indígenas y describe el sistema de arquetipos del inconsciente colectivo, por lo que es posible que tus visiones puedan ser interpretadas por este.
No obstante, te invito a que cuentes tu experiencia aquí. Qué clase de visualizaciones tuviste, etc.
De otra manera no puedo saber exactamente qué relación tienen tus visiones con el Arkegrama.

Hernando Orjuela Farfán me respondía un día después

Luis recibí tu mensaje en que me invitas a narrar en tu blog lo visualizado en la toma de yagé, como es un poco extenso te enviaré un mail y tu publicas lo que creas conveniente. Si me gustaria que me respondieses a mi correo tus apreciaciones sobre lo visualizado.

http://eljaina.wordpress.com/el-arte-terapeutico/

Este es el e-mail recibido

MI EXPERIENCIA CON EL YAGE

VIAJE AL INFIN ITO

Octubre 13 -2007 EL TABLAZO RIOFRÍO VALLE

HERNANDO ORJUELA FARFÁN


El Taita Siona LAUREANO PÍA GUAJEE un anciano vital de 101 años de piel morena, con andar lento y dificultoso, llegó de la vereda Buena Vista Puerto Asís Putumayo. El pertenece a la etnia Coreguaje del bajo Putumayo, Y es uno de los 17 Taitas reconocidos y avalados por el Ministerio de Salud. Fue maestro del Taita Juan Yaiguaje quien es el actual representante de la UMIYAC (Unión de Médicos indígenas yageseros de la Amazonía Colombiana con sede en Mocoa) contactado y traído a Tuluá por el Medico Juan Carlos Ortega Molina un estudioso del Yagé que hace años transita por las culturas indígenas en búsqueda y acumulación de su saber y procedimientos medicinales, así como de sus ritos y ceremonias ancestrales.

Del yagé tuve conocimiento hace pocos años cuando me compartieron una pequeña cantidad diciéndome que era bueno para la salud y para obtener estados profundos de conciencia. Lo tomé solo con respeto y sin rituales, laborando en un pequeño sembrado y otra vez hace 15 días como preparación para este día. La primera vez no hubo ninguna reacción física pero si pérdida de la noción del tiempo y gozo extremo para realizar las labores del sembrado. La segunda vez tomé una pequeña porción, durante tres noches escuchando música andina y en ambiente de meditación. En esta segunda vez, al ritmo de música de tambores, dancé y giré vertiginosamente cambiando de giro por intervalos, sin sentir ningún mareo y consciente de la realidad. Al terminar, en una especie de relajación especial en la que razonaba sobre la razón de la danza, de una manera extraña e indescriptible, percibía o tenía conciencia de dos palabras: “TRASTORNO CICLOTÍMICO”.

Los comentarios que se escuchan acerca del yagé son de toda índole, siendo el más frecuente que se trata de un alucinógeno y los más alentadores los que dicen que es una práctica sanadora que ayuda en la búsqueda espiritual y al conocimiento de sí mismos y sobre cual es nuestra naturaleza verdadera y cual la misión en la vida. Lo anterior y la confianza que me inspiró el Medico Juan Carlos Ortega fue lo que me hizo vencer miedos y temores para decidirme a vivir la experiencia.

Mi intención particular no fue la de resolver conflictos reconocidos, pero sí problemas de salud y el deseo de tener mi propio marco de referencia ante tan disímiles opiniones y, por qué no, también recibir alguna orientación con respecto a propósitos personales, ya que otra motivación era la de lograr uno de esos ESTADOS ALTERADOS DE CONCIENCIA que según la Psicología Transpersonal ayudan en el autoconocimiento y elevación de consciencia que a su vez permiten conocer la causas profundas de traumas emocionales y enfermedades, facilitando con ello una sanación profunda.

Por recomendación del médico Juan Carlos y como preparación para la experiencia seguí algunas prescripciones tales como no relaciones sexuales, no ingesta de: ajo, pimienta, cebolla, leche ni carne en los tres días previos a la toma y por voluntad propia hice además una dieta a base de verduras y frutas durante la semana previa y el último día una ensalada de frutas como desayuno, un jugo al almuerzo y en la tarde 3 tizanas. En estas condiciones físicas llegue a la toma. Emocionalmente iba ansioso y con temores respecto a la forma que me trataría el Yagé.

Cuando decidí asistir a la toma pedí al yagé que no me fuese a “pegar muy duro”, pero luego cambié de parecer y me dije que lo mejor era no pedirle nada y dejarlo que obrara como tenía que hacerlo; esto con el deseo de vivenciar mejor la experiencia y obtener mejores resultados según mi propósito particular.

Al sitio de la ceremonia llegamos aproximadamente a las 8 P M. Me tranquilizo ver como los asistentes eran personas “comunes y corrientes” de diferentes extractos sociales y edades e incluso niños de 4, 6 y 8 años aproximadamente, los dos más pequeños asistían con sus padres quienes, según supe después, toman yagé desde hace tres años. Me llamó la atención encontrar muchos jóvenes y que para la mayoría de personas no era su primera vez. Primíparas solo éramos unas 10 personas de 50 asistentes.

Aproximadamente a las 10 PM se inició la toma, luego de la vestimenta del Taita y de la ritualización de la bebida la cual tenía una consistencia clara de sabor amargo-acidoso no muy fuerte ni fermentada y con sabor natural o crudo. El yagé de la primera toma era “Cielo”. Desde este momento entré en mi proceso y por no estar pendiente del tiempo- reloj no sé a que hora se iniciaron las sensaciones corporales y las alucinaciones las cuales trataba de comparar con mis experiencias de hace 35 años con alucinógenos como la marihuana.

Las primeras reacciones físicas fueron iguales a las que sentí con la marihuana: adormecimiento de lengua, pies y manos y alternadamente pesadez y ligereza que me dificultan pero no impiden la movilización. A medida que las sensaciones físicas pasan a todo el cuerpo voy entrando en un estado mental en que trato de evaluar mi capacidad para percibir los niveles de la realidad o la inconciencia del momento. Comienzo, entonces, entre la lógica y la alucinación, a ver como la naturaleza que está a mí alrededor parece cambiar de forma y como los árboles, especialmente, cambian de color y de forma, algunas amenazantes que hacen aflorar miedos y recuerdos que a la vez me obligan a efectuar una evaluación experiencia-realidad y de la influencia de la luz y la oscuridad en estas visualizaciones.

Vencido el miedo a caerme, decido ir hacia la fogata, hacia la luz, ocurriendo entonces una especie de experiencia quántica al tener la sensación de estar aquí y allá cuando aún no me he movido. En el tránsito hacia la fogata me siento flotar en el espacio pero conciente de mi cuerpo físico enfocado siempre en llegar a la luz en medio de la oscuridad pensando que este es un proceso real a lo largo del camino de la vida. En la fogata encuentro un grupo de personas jóvenes en actitudes contemplativas y quizás tan conscientes o enajenadas como yo mismo.

Pronto el influjo del fuego se apodera de mí y entro en igual éxtasis contemplativo que los allí presentes. Luego un frió intenso me hace despertar sintiendo una intensa borrachera, nauseas y torbellinos…. quiero regresar a salón y tengo dificultad para incorporarme, todo en mi interior pugna por salir por el esófago, emprendo el regreso y en la mitad del camino: el vomito… bocanadas de líquidos con sabores intensos a lima, limón y naranja… fuego vivo…….todo es depositado en una bolsa plástica y a la luz del día vería que también tenían colores amarillo, rojo y naranja intensos. Primer alivio. Llego al salón para un rato de descanso y tranquila introspección sin ninguna molestia física. Mucho rato después aún hay personas que no han tenido alivio y siguen vomitando. En esta introspección evalúo que el estado de plenitud que siento en ese momento no se siente luego del consumo de alucinógenos.

Un rato después y mientras el Taita canta y efectúa limpiezas hacen la preparación de la segunda toma, ahora yagé “SOL” y con más confianza digo: a lo que vinimos…. Hago la toma y me siento afuera con el deseo de observar si se dan las mismas sensaciones y visiones que en la anterior comparando que en esta tengo menos temor. De pronto, en lo que fue una experiencia multidimensional y multisensorial todo, menos las personas, cobra una apariencia diferente. Según el ritmo de mi respiración las cosas parecían alejarse y retroceder, conectarse y desprenderse y hacia mi interior una sensación de profundidad y vacío que se llena en cada inhalación en una rara especie de conexión cerebro (mente)- cuerpo como queriendo explorar cada rincón del exterior y de mi interior, pero sin poder lograrlo, lo que hacia que otros temores se hicieran presentes. Desde el mismo sitio, en que estaba sentado, veo como las chispas de la fogata se convierten en múltiples partículas de colores amarillos y rojos que al fragmentarse se convierten en figuras geométricas de diversa forma (cuadrados, esferas, hexágonos etc.) que se agrupan y conectan por filamentos de color plata. Esta vez no hay sensaciones corporales que me dificulten el desplazamiento y voy hacia la fogata, al igual que antes las personas que están allí (sentadas o paradas) se ven todas como fascinadas con las llamas; había también algunas que acostadas parecían dormir. La mayoría de personas alrededor de la fogata eran jóvenes. Yo también entro de nuevo en contemplación y al rato me acuesto de espalda mirando al cielo. En el firmamento con rapidez vertiginosa y desde el infinito se comienzan a configurar mándalas cual constelaciones o mejor constelaciones cual mándalas que podía observar durante algún tiempo. Infinitas esferas y estrellas iban agrupándose en líneas que formaban a su vez figuras de estrellas de cinco y seis puntas, hexágonos, cuadrados, pentágonos, rectángulos, triángulos y círculos unas dentro de las otras como si el firmamento fuese un inmenso tapiz que apenas se estaba conformando. La percepción profunda del universo y la conformación de algunas constelaciones, como mándalas, permaneció para mí durante la noche ya que cuando las recordaba y las buscaba en el firmamento allí las encontraba hasta que las nubes bajas me permitieron verlas.

Mentalmente iba hacia los centros de estas figuras encontrando que en su interior tenía que cruzar múltiples capas de su misma forma y una vez traspasadas se desintegraban en infinitas y vertiginosas reproducciones geométricas de si mismas. En esta alucinación razonaba que todo en el universo es reproducción o clonaje y sobre lo difícil que esta implicación hacía la individualización.

Tiempo después, no sé cuanto, y sin molestias físicas ni dificultades regresé al salón para reposar y conectarme con lo que allí sucedía. Entre estados alternos de somnolencia y vigilia se apoderó de mi un escalofrío que me hacia temblar y tiritar a pesar de estar bien abrigado; las arcadas no se hicieron esperar y esta vez el vomito fue menos intenso, mas rápido y en menor cantidad. El segundo alivio pasó rápido.

En una esquina del salón y en su hamaca el Taita seguía prodigando limpiezas en su idioma nativo, con cánticos y haciendo aire hacia las personas, que de tres en tres sentaban a sus pies, con una especie de abanico o ramo de grandes hojas secas, todo en medio del humo de cigarrillos que, uno tras otro, dos jóvenes de los ayudantes le pasaban ya encendidos, los dos jóvenes fumaban con fruición sus propios cigarrillos a la par con el Taita. Luego se me diría que el humo del tabaco servia para alejar los malos espíritus.

En mi turno para la limpieza, junto con otras dos personas, me senté a su lado izquierdo, él me hizo acercar y comenzó, casi en secreto, a relatarme un episodio incoherente de una reciente estadía suya en Bogotá en la que, según él, gracias a su intervención se iba a solucionar una difícil situación, repitiendo insistentemente que ya pronto todo estaría bien. En ese momento me pareció que era mi padre quien me hablaba, igual que lo hacia en los últimos días de su existencia cuando en medio de su demencia senil me contaba anécdotas incoherentes de sus correrías, incluso encontré similares su entonación y manera de hablar habiendo tenido que mirarlo para cerciorarme de que no era él. El Taita como adivinando mis pensamientos retomó su papel y continuó con el ritual.

Tercera toma: “Yagé Tigre”. Para esta no sé si hicieron llamado; yo hube de solicitarlo cuando alguien me preguntó si ya lo había tomado. No todos los asistentes toman todas las veces que se brinda en la noche.

Los sabores de la segunda y tercera toma no fueron muy diferentes de los de la primera.

Esta vez no sentí entumecimiento y el despertar de los sentidos fue intenso (tacto, vista, oído) y creo que de menor tiempo. Como en la primera, al poco tiempo, distorsión de la realidad. Los árboles se convertían en figuras extrañas, algunos como monstruos de ojos centelleantes y los espacios entre ellos como cuevas oscuras con umbrales de formas caprichosas. Sentía deseos de ir y adentrarme bajo los árboles para confrontar las sombras, pero el llamado a la aventura fue menor que los miedos y pasó rápidamente.

En ésta oportunidad hubo una profunda conexión con los cánticos del Taita y sus entonaciones me parecían ruidos de fieras y animales salvajes amedrentantes algunas veces y la mayoría como rastreando, husmeando, jadeando tan cerca de mí que hasta podía sentir su calor. No sentía miedo, más bien un estado de calma y seguridad. En ésta oportunidad yo entraba y salía del salón hasta que me ubique en una de sus esquinas. Los cánticos se interrumpían por momentos en los que había un profundo silencio y aún así seguía percibiendo la presencia de los animales con sus soplidos y sonidos casi como susurrados en mis oídos.

En un reinicio de los cánticos y al mismo tiempo me comienzan las arcadas que parecían estar sincronizadas con las entonaciones y sonidos guturales de las canciones. Las compulsiones crecían y disminuían al ritmo y en la misma forma que subía o bajaba la voz del Taita; así una y otra vez deseando en cada una que la canción terminase para que la expulsión de lo que quería salir, no de mi estomago sino de lo más profundo de mi ser, se presentase. Por fin en un crescendo y con dolor ventral… afuera el fuego. Luego un profundo alivio (el tercero) tan inmenso como el silencio que se presentó porque el Taita en ese mismo instante terminaba la canción…. mi canción.

Me recosté luego pensando que faltaba mucho para que el amanecer llegara, pero, pronto este se presentó, me incorporé y pasé para que el Taita me efectuase una nueva limpieza la que hizo con sobas, mantras y soplos de chondur proporcionados con la guayra y cuando terminó, cogiéndome las manos, me dijo que yo sufría de algo (me dijo que era) y que podía curarme si hacia lo que me recomendó.

Cuando salí al exterior, ya clareado el día, todo me pareció hermoso y un sentimiento indescriptible había en mí. Me puse a buscar las diferencias que había entre las formas de la naturaleza a plena luz del día con las contempladas en la noche pero mi mente en ese momento, para mi, casi sublime estaba tan clara y serena que no dio lugar para elaboraciones mentales, mas que para observar como la fogata al extinguirse dejaba elevar al cielo humo de un extraño y fantástico color violeta.

Ese día en la tarde, cuando en retrospección asimilaba y dejaba notas para relatar la experiencia, me hice muchas preguntas. ¿Cuál fue el estado en que estuve realmente: alucinado? o despierto y atento? , ¿Puede la mente reflejar la realidad?, ¿Para mis propósitos qué significado puede tener lo observado y cuáles los símbolos clave que debía interpretar?,

Al día siguiente, casi milagrosamente, navegando no por efectos del yagé, si no en la otra realidad virtual de “Internet” encontré un mándala llamado Arkegrama muy similar a uno de los visualizados en mi viaje al hermoso y magnifico Universo, profundo e infinito.

Ahora reflexiono que en los mándalas y en el Arkegrama pueden estar las respuestas a lo que no fueron alucinaciones sino instantes de un viaje al infinito mundo conmigo mismo.


Tuluá, octubre 18 del 2007.

Me reservo los derechos de publicación y reproducción.

HERNANDO ORJUELA FARFÁN